
Del tranvía al autobús eléctrico: cómo evolucionó el transporte público en las ciudades
Del ómnibus de 1826 al transporte eléctrico y los sistemas masivos, la movilidad urbana ha evolucionado con la tecnología.
La historia del transporte público moderno tiene uno de sus puntos de partida en Nantes, Francia. En 1826, Stanislas Baudry puso en funcionamiento una compañía de coches públicos tirados por caballos, un servicio que posteriormente se conocería como omnibus. El modelo se extendió hacia otras ciudades francesas y contribuyó a establecer una nueva forma de movilidad urbana basada en rutas y servicios compartidos.
Cuando las calles incorporaron rieles
La siguiente transformación llegó con el tranvía, que permitió transportar pasajeros sobre recorridos definidos con una infraestructura específica. En Nueva York, el New York and Harlem Railroad comenzó a operar en 1832 con vehículos arrastrados por caballos y es reconocido como uno de los primeros ferrocarriles urbanos sobre calles. En la Ciudad de México, el Ferrocarril de Tacubaya abrió en 1858 un servicio de tracción animal que formó parte de la evolución del transporte colectivo de la capital.
La expansión continuó con tecnologías capaces de aumentar la velocidad y la capacidad. Londres abrió en 1863 el Metropolitan Railway, considerado el primer tramo del sistema que posteriormente se convertiría en el London Underground. El recorrido inicial conectaba Paddington con Farringdon y marcó un cambio fundamental: llevar el transporte masivo bajo las calles permitió liberar espacio en la superficie y conectar sectores cada vez más extensos de la ciudad.
América Latina creó sus propias soluciones
La evolución del autobús y otros servicios colectivos adquirió características particulares en América Latina. Un ejemplo emblemático apareció en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1928, cuando comenzó a funcionar un servicio que posteriormente sería conocido como colectivo. El modelo surgió a partir de vehículos que ofrecían recorridos definidos y una tarifa por pasajero, convirtiéndose en una alternativa flexible frente a los sistemas de tranvías y ómnibus existentes.
Durante el siglo XX, la movilidad urbana pasó progresivamente hacia sistemas de mayor capacidad y organización. El desarrollo de metros, redes de autobuses y posteriormente sistemas BRT permitió estructurar corredores destinados a mover grandes cantidades de pasajeros. En México, por ejemplo, Metrobús comenzó a desarrollarse en 2005, mientras que ciudades latinoamericanas adoptaron distintas soluciones de transporte masivo de acuerdo con sus necesidades territoriales.
La movilidad entra en una nueva etapa
Hoy la innovación ya no consiste solamente en transportar más personas, sino en hacerlo con menor impacto ambiental, mayor accesibilidad y mejor integración entre distintos modos. El Banco Mundial señala que los proyectos de metro y BRT pueden reducir tiempos de viaje, mejorar el acceso a empleos y servicios y contribuir a disminuir emisiones y contaminación atmosférica. Al mismo tiempo, la electrificación está transformando nuevamente al autobús, con tecnologías de baterías, trolebuses y sistemas de carga adaptados a las necesidades de cada red.
La historia de la movilidad urbana muestra, así, que cada generación de transporte respondió a los desafíos de su época: primero conectar puntos de una ciudad, después aumentar capacidad y velocidad y, actualmente, avanzar hacia sistemas más limpios, integrados y eficientes. El siguiente capítulo ya se construye con electrificación, datos, automatización e infraestructura conectada, pero mantiene el mismo objetivo que impulsó aquellos primeros vehículos de hace casi dos siglos: hacer posible que las ciudades se muevan.










