
¿Se abre un nuevo ciclo en Venezuela tras la caída de Maduro?
Cuatro especialistas analizan si la intervención de EE.UU. activa una transición política, económica o un nuevo equilibrio de poder.
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos reconfiguró de forma abrupta el escenario político venezolano y reactivó el debate sobre una posible transición en Venezuela, un concepto que vuelve al centro de la agenda regional e internacional.
Mientras algunos sectores sostienen que la salida del líder chavista marca el inicio inevitable de un cambio de régimen, otros advierten que la permanencia de figuras clave como Delcy Rodríguez mantiene intacta la matriz autoritaria, sin garantías de democracia ni de restitución de libertades civiles.
Entre ambas posiciones emerge una lectura intermedia: la caída de Maduro altera el statu quo y podría habilitar un proceso de transformación progresivo, lleno de tensiones y sin resultados inmediatos, que no necesariamente derive en un gobierno opositor en el corto plazo.
Los escenarios posibles son múltiples y dependen tanto de las dinámicas internas del chavismo como de la estrategia internacional de Washington, particularmente del rol de Donald Trump y su agenda de política exterior hacia América Latina.
Con la intervención de Estados Unidos ya en marcha y un nuevo tablero de poder en Caracas, la posibilidad de un giro histórico parece más cercana. La incógnita es el rumbo: ¿elecciones competitivas, apertura económica sin reformas políticas o una nueva fase de control con supervisión externa?
En los últimos días, la excarcelación de dirigentes políticos y activistas fue presentada por el oficialismo como un gesto de distensión. Jorge Rodríguez, dirigente del chavismo, habló de señales de “convivencia pacífica”.
En paralelo, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, confirmó el ingreso de recursos provenientes de la venta de petróleo venezolano a Estados Unidos, en el marco de un acuerdo bilateral, y sostuvo un encuentro con el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), cuyos detalles no fueron divulgados.
Los movimientos se aceleran y, aunque el desenlace sigue abierto, el proceso parece haber entrado en una fase distinta, con cambios parciales pero significativos en curso.
David Smilde: una apertura económica sin reformas políticas profundas
Para el politólogo David Smilde, académico con décadas de investigación sobre el país, existen medidas concretas que podrían orientar a Venezuela hacia una mayor institucionalidad democrática, aunque advierte que el camino sería limitado.
Smilde considera que el primer paso debería ser consolidar la liberación de presos políticos, que aún superan los 800 casos según el Foro Penal, pese a que más de 266 personas fueron excarceladas tras la captura de Maduro.
A su juicio, el gobierno también podría levantar restricciones a proveedores de internet y a medios independientes, que rondan el millar de bloqueos según Conexión Segura y Libre, en un contexto donde incluso la red social X volvió a estar operativa.
El experto plantea además reformas técnicas en el sistema electoral y judicial, como el nombramiento de jueces titulares, recordando que la literatura académica muestra que la mayoría de las transiciones son graduales.
Sin embargo, Smilde se muestra escéptico sobre la profundidad del proceso y cree que el chavismo optará por concesiones mínimas, manteniendo la presión sobre periodistas y activistas.
Desde esta perspectiva, el eje del cambio estaría más vinculado a la apertura económica hacia Estados Unidos que a una transformación política real, con el objetivo de atravesar el período de Trump hasta el final de su mandato. Smilde atribuye este escenario a que la administración estadounidense “no está interesada en una transición democrática profunda”.
Catalina Smulovitz: sin un actor opositor fuerte no hay transición
La socióloga y politóloga Catalina Smulovitz se define “cauta para no decir escéptica” frente a la idea de una transición efectiva sin un actor interno con capacidad de imponer condiciones.
Para la especialista, la oposición venezolana ha quedado al margen de las negociaciones entre Caracas y Washington, con la excepción del encuentro de María Corina Machado con Trump, tras el cual el expresidente afirmó: “Podemos lograr que ella se involucre de alguna manera”.
Smulovitz subraya que la salida de Maduro no garantiza por sí sola un cambio de régimen y que la clave estaría en una negociación entre la oposición local y los remanentes del poder chavista.
En su análisis, participar en acuerdos económicos no equivale a transformar el sistema político. La académica recuerda que todas las transiciones históricas contaron con actores opositores internos fuertes, ya sea en España, Argentina o el Cono Sur.
En el caso venezolano, concluye, aún no se observa una oposición —ni tradicional ni disidente del chavismo— capaz de sentarse a negociar condiciones de cambio.
Steven Levitsky: la fragilidad del chavismo es una ventana de oportunidad
El politólogo Steven Levitsky, profesor en Harvard, sostiene que las transiciones suelen producirse por fuerza o por el aumento del costo de permanecer en el poder.
En Venezuela, explica, la opción militar es poco viable, por lo que la estrategia pasaría por persuadir a la élite chavista, incluidos militares, de aceptar salidas negociadas, incluso mediante exilios seguros.
Levitsky remarca que sectores de la oposición, como María Corina Machado, han considerado este escenario y que ahora deberían presionar para ampliar la apertura política.
El académico critica los acuerdos limitados y propone exigir garantías reales para que la oposición pueda operar dentro del país. Aunque reconoce divisiones internas, como la estrategia institucional de Henrique Capriles, insiste en que la oposición en su conjunto es clave. “Han demostrado resiliencia y deben aprovechar la fragilidad del régimen ahora”, afirma, convencido de que esa presión podría forzar una transición.
Carlos Ominami: gradualidad, prudencia y prioridad económica
Carlos Ominami, protagonista de la transición chilena, considera que el caso venezolano es aún más complejo que el chileno por la profundidad de la crisis económica y el rol intacto de las Fuerzas Armadas.
A diferencia de Chile, señala, el ejército venezolano no se siente derrotado ni reconoció los resultados electorales de 2024.
Para Ominami, la oposición debe asumir que el proceso será gradual, que algún tipo de amnistía será inevitable y que existe un sector significativo de la sociedad que sigue identificándose con el chavismo.
El exministro recuerda que en Chile la prudencia fue clave: Pinochet permaneció como comandante del ejército y senador durante años debido a la fragilidad del proceso. La Concertación, explica, priorizó saldar la deuda social para sostener el apoyo ciudadano mientras se consolidaba la democracia. En Venezuela, concluye, la recuperación económica debe ser una urgencia central de cualquier transición futura.










