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La música en español expande su influencia más allá de sus íconos globales

Nuevas generaciones de artistas redefinen el alcance cultural del español en la industria musical.

La música en español expande su influencia más allá de sus íconos globales
La música en español expande su influencia más allá de sus íconos globales

La música en español atraviesa una etapa de transformación profunda que va mucho más allá de las figuras que dominan titulares internacionales. Una nueva camada de creadores y audiencias está impulsando un cambio estructural en el segundo idioma más cantado del planeta, donde la identidad cultural y la incorporación de géneros híbridos juegan un papel central en su expansión global.

Superado el primer cuarto del siglo XXI, el ecosistema musical en español muestra una diversidad difícil de encasillar. Al margen de nombres consagrados como Bad Bunny o Rosalía, el abanico creativo se multiplica para una comunidad global que ronda los 635 millones de personas que consumen, crean y se identifican con contenidos en esta lengua.

Antes incluso del impacto masivo generado por lanzamientos recientes como DTMF —sexto sencillo más reproducido del mundo— o LUX, que alcanzó una puntuación histórica de 98/100 en Metacritic y se convirtió en el álbum en español más escuchado en Spotify en un solo día, ya se percibían señales claras de un cambio de paradigma que hoy se confirma.

Ese viraje se manifiesta en escenas y estilos muy diversos: desde la electrónica de la peruana Sofía Kourtesis, forjada en los clubes de Berlín; hasta la producción ecléctica de Eduardo Cabra, colaborador habitual de artistas como Rodrigo Cuevas y miembro del reconocido núcleo creativo boricua que integran René (Residente) e Ileana (iLe) Cabra Joglar; pasando por el impacto cultural de Cain Culto en audiencias tradicionalmente alejadas del circuito latino.

Cain Culto, hijo de migrantes colombianos y salvadoreños, construye su propuesta musical a partir de la fusión entre la tradición apalache de Kentucky y sus raíces familiares. Al igual que otros artistas emergentes, se inscribe en una corriente marcada por el neofolclore y la mezcla de géneros, una tendencia que cuestiona si en 2026 sigue siendo pertinente agrupar estas expresiones bajo la etiqueta única de “música latina”.

"Este concepto de lo latino en realidad lo podemos remitir a finales del siglo XIX", explica Eduardo Viñuela, catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo e investigador sobre la música española y latinoamericana contemporánea. "Entran en juego muchísimos ritmos que van en función de las modas que se van sucediendo. Lo latino a principios del siglo XX era la habanera o el tango".

 

El mestizaje musical en el continente americano responde a un proceso histórico constante. Un ejemplo temprano se encuentra en el sur de España tras la caída del reino de Granada, cuando la convivencia entre comunidades gitanas y moriscas en zonas periféricas dio lugar a una fusión cultural que acabaría cristalizando en el flamenco.

"Se van actualizando las modas, van apareciendo nuevos ritmos, se van fusionando y van interactuando", apunta Viñuela. "Y lo que tenemos dentro del paraguas de música latina es un montón de expresiones diferentes que además tienen diferentes orígenes regionales o de diferentes localidades, y que son fruto de la interacción con todo lo que se está moviendo a nivel global".

Los datos respaldan esta percepción de crecimiento. En Estados Unidos, principal mercado mundial del entretenimiento y segundo país con más hispanohablantes, la música en español alcanzó en 2025 los 120,9 billones de reproducciones, quedando a escasa distancia del country, según el informe anual de Luminate.

No obstante, las tendencias demográficas invitan a la cautela. Aunque se prevé que la población hispana en Estados Unidos represente un tercio del total en 2060, el uso del español en el ámbito doméstico ha descendido del 75% en 1980 al 70% en 2019, de acuerdo con el Pew Research Center, reflejando un proceso gradual de sustitución lingüística generacional.

En América Latina y España, el crecimiento poblacional presenta contrastes. Solo nueve países superan una tasa estimada del 1%, y aunque la mayoría de comunidades hispanohablantes siguen aumentando, Cuba constituye la principal excepción, según datos del World Factbook de la CIA.

Pese a ello, el consumo cultural en español mantiene una trayectoria ascendente. Un estudio del Instituto Cervantes publicado en 2023 confirma que una de cada cuatro canciones en las listas de YouTube y Spotify utiliza el español, mientras que el consumo de música en inglés descendió un 3,8% en el mismo periodo.

El informe anual de la IFPI de 2023 refuerza esta tendencia: el español representó el 21% de las 500 canciones más escuchadas en Spotify y el mismo porcentaje entre las 100 más reproducidas en YouTube a nivel mundial, superando ampliamente a idiomas como el coreano, el hindi o el portugués.

El crecimiento económico también explica parte de este fenómeno. En Estados Unidos, un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) estimó en 2023 que el poder adquisitivo acumulado de la comunidad latina alcanzaría los 2,7 billones de dólares, situándola por encima del PIB de casi todos los estados del país.

"La comunidad latina en EE.UU. tiene ahora mayores recursos económicos y gasta más en cultura. Es un colectivo que consume además mucha música a través de internet", apunta Viñuela. "Y además hay una cuestión sociológica muy interestante: quienes están aupando este 'boom' son los hijos de los migrantes, nativos estadounidenses que reivindican su identidad como latinos: encuentran en la cultura en español la forma de articular esa identidad".

El giro político de Calle 13 a partir de 2010 abrió espacio a una nueva etapa de la canción social y anticolonial, aunque Viñuela matiza que parte de este éxito se inscribe en una lógica más amplia de globalización cultural, con menor arraigo identitario orgánico.

"Hay muchas cosas que explican ese orgullo de lo latino que tiene que ver, por ejemplo, con el uso de los acentos". A diferencia de etapas anteriores, los artistas actuales incorporan su jerga y variantes lingüísticas como eje creativo, abandonando el español neutro que dominó el pop latino del pasado.

Durante el siglo XX, figuras como Víctor Jara, Mercedes Sosa o Silvio Rodríguez sentaron las bases de esta conciencia social, una herencia que hoy retoman nuevos referentes, como evidencia Bad Bunny en Lo que le pasó a Hawaii.

La pérdida del monopolio del inglés en las listas internacionales se refleja también en propuestas inesperadas, como el último trabajo de St. Vincent, cuyas letras están escritas íntegramente en español pese a su origen estadounidense.

 

Artistas como Guitarricadelafuente, C. Tangana, Ca7riel & Paco Amoroso o rusowsky participan con creciente frecuencia en plataformas globales como Tiny Desk o Colors, confirmando que el español ya no se asocia exclusivamente a los ritmos urbanos.

Desde finales de los años noventa, pioneras como Ivy Queen contribuyeron a internacionalizar géneros como el reguetón, mientras el llamado sonido Miami consolidó una industria que hoy ha mutado profundamente.

"Se habla de un segundo 'boom' latino, que se vincula al efecto 'Despacito' en 2017", relata Viñuela, recordando el punto de inflexión que supuso destronar al Gangnam Style como el vídeo más visto en YouTube.

El especialista subraya que, junto a la influencia de Puerto Rico, otras escenas como la música norteña o el corrido tumbado mexicano están ampliando los focos de creación y consumo cultural en español.

Queda abierta la incógnita sobre la permanencia de esta ola creativa, aunque ciertas canciones ya forman parte del imaginario colectivo global, consolidando al español como una lengua central en la música del siglo XXI.